EL VALOR DE LOS TRABAJOS CON LA COMUNIDAD

nota andres
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En este momento los facilitadores de quinto semestre del programa de Comunicación Social Y Periodismo de la Universidad Surcolombiana, están acompañando diferentes procesos comunitarios adelantados en el asentamiento Brisas del Venado, el Proyecto de proyección social solidaria jalémosle a la participación; que convoca la presencia de madres comunitarias, jóvenes organizados, lideres y ediles de la ciudad de Neiva, el Proyecto Comunicativo de la Escuela Normal Superior de Neiva, liderado por distintos grupos de trabajo: Prensa Escolar Pedagógica con los estudiantes de sexto grado y la docente Uberlania Pascuas; Radio Escolar Pedagógica con estudiantes de grado quinto y con los jóvenes del Ciclo el proyecto de Comunicación y Seguridad Alimentaria. Todos estos enfocados a conformar equipos de trabajo con la comunidad y en conjunto llegar a la solución de problemas y necesidades presentes.
Cualquiera podría cuestionarse sobre ¿porqué trabajar con lo micro y no con lo macro?, ¿cuál es la incidencia de estos proyectos en la realidad de toda una región Surcolombiana?. Pero lo cierto es que en ese punto se equivocan y la verdad es que estos “micro proyectos” como algunos llegan a llamarlos, no sólo contribuyen a reconocer una realidad presente en estos lugres, a propiciar una mayor participación de actores sociales como niños, jóvenes, mujeres y líderes, a cualificar las competencias comunicativas de estos, sino que además influyen en los diferentes espacios y contextos en los que viven e interactúan a diario cada uno de los actores de dichos procesos.
Es justamente desde la interacción de estos actores con otros y con los comunicadores en formación donde comienza a visibilizarse un cambio significativo desde lo micro a la macro: conocer su propio territorio, comprender sus contextos y procedencias, redefinir conceptos como comunicación, participación y educación, hacen que la práctica que subyace desde estos conceptos también se transforme, para mejorar la vivencia de la democracia, o como muchos afirman para democratizar la educación, la comunicación por ende la cultura participativa.
El hecho de que un niño, en su gran mayoría proveniente de familia de escasos recursos, asista cada 8 días a un taller con los llamados “profes”, y salga de allí con una sonrisa en su rostro, no porque la actividad le haya arreglado la vida, sino porque aprendió algo nuevo, con lo que puede contribuir a mejorar su entorno familiar, barrial y educativo, lo hace sentir un ser humano que propone para mejorar su situación y la de sus vecinos. Poder llevar a la práctica lo aprendido lo siente como un logro.
Así como los jóvenes y niños de los colectivos escolares esperan cada semana el desarrollo del proceso comunicativo adelantado en su institución, para no sólo aprender sobre la comunicación y los medios, sino para vivenciar como esta comunicación se vuelve metodología lúdica e interactiva para desarrollar las temáticas de los proyectos de aula, de los temas de clase, de las situaciones cotidianas de su colegio, de sus barrios y de su vida contribuye a “salirse” de la rutina académica, pero con el propósito de recrear los conocimientos, para que se vuelvan significativos en su formación personal, y familiar. Ellos están seguros que estos conocimientos también les servirá para tener mejores bases en su vida profesional.
Por su parte los actores sociales del proyecto Jalémosle a la participación consideran que el proceso que en Neiva se ha gestado desde la participación incidente de los diferentes líderes, jóvenes y madres comunitarias de los barrios y comunas de la ciudad, ayuda a creer y fortalecer el rol que como líderes tienen en sus comunidades, a conocer las diferentes realidades de los sectores que en este proceso se encuentran cada ocho días en el Diplomado Comunicación y Territorio, que ofrece el programa de Comunicación Social y Periodismo de la USCO, junto con la Asociación Cultural y Ambientalista del Sur y el Ministerio de Cultura, y sobre todo a generar acciones conjuntas para cualifica, como líderes y ciudadanos, su actuación política y desde esta contribuir a la solución e sus problemáticas relevantes.
Como se advierte, estos procesos están tomando fuerza y el compromiso de los comunicadores en formación, también. Lo que motiva a comunidades y estudiantes del área de Comunicación Comunitaria, con sus respectivas docentes, a no verlos como “Micro Proyectos” por su rango de acción, sino a vivirlos como procesos que desde la teoría de los tres círculos de la participación de Marco Marchioni, llegarán a incidir en lo meso y en lo macro social.
Los facilitadores no están tomando el papel de dioses ni pretenden hacer milagros, son jóvenes entre los 20 y los 23 años dispuestos, desde sus capacidades y realidades a contribuir a generar cambios, aportando a la construcción de conocimientos, promoviendo la participación conjunta de la comunidad, escuchándolos para encontrar soluciones desde ellos como actores sociales y sujetos de transformación, jóvenes que quieren aprender con las comunidades a mejorar las formas de comunicación y participación desde lo cotidiano hasta lo público, que por más que parezca poco en realidad contribuye a mucho.
Es bonito soñar con hacer magnos cambios y sentir que hemos contribuido a la sociedad, pero es preferible trabajar en algo micro y hacerlo bien, que cuando la comunidad evalúe cada proceso se sienta protagonista de su trabajo, satisfecho del crecimiento personal y colectivo, así como del trabajo en equipo. Esto es lo que hacen y son los comunicadores en formación de quinto semestre.
Andres Medina

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