“De jóvenes para jóvenes”

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¿Cual es la realidad de los jóvenes?
En el pasar de los días somos más conscientes de que hoy los jóvenes queremos ser partícipes de las nuevas realidades, aun así, el papel del joven es también observada para con ello renovarla. Cuando se habla del sector juvenil, muchos se expresan bien o mal, pero ¿qué quiere está generación?, la mayor parte de la población juvenil queremos más oportunidades como educativas, culturales, deportivas, laborales y políticas, también que las generaciones anteriores respondan a lo que los jóvenes debemos y queremos ser.

Hoy hay que comprender que el joven es más que un sustantivo, un problema social, un actor indefenso, un vago, una desinteresado, un bueno para nada que ni es joven ni es adulto y aun así escucha, comprende y respeta a los adultos que no saben qué somos ni cómo mirarnos, por aquellos que aún creen que ser joven “mechudo”, usar cachucha y ser parte de la universidad pública es igual a ser un irrespetuoso, un mal ejemplo para los otros jóvenes, un rebelde sin causa.Afirma García (2016).

Esta nueva generación se considera como actores en constante cambio, por esto que no encaja en una Sociedad conflictiva, corrupta y polarizada atada a un pasado “porque es mejor malo conocido que bueno por conocer”. Como jóvenes sabemos que representamos, y debemos asumir un papel importante en la sociedad, somos un sector, un actor, un sujeto colectivo, participativo, y político. Un sector juvenil que crece, así como sus necesidades y ¿quién responde a ellas?, es por esto que algunos han decidido organizarse para defender sus derechos y realizar actividades que sean de beneficio común.

“El ser joven no es un trampolín a la adultez”, hoy más que nunca surge la necesidad de actuar, de participar dando soluciones a problemáticas de las comunidades vulnerables y no-vulnerables. “Nadie conoce más su casa que quién la habita” y así mismo pasa con nuestro territorio, al desconocerlo no logramos sentirnos identificados con él, por lo tanto no logramos transformarlo en el territorio que necesitamos, que anhelamos.
En el Departamento del Huila con la ley 1622 de 2013, se busca divulgar los derechos de los jóvenes y fijar una mayor articulación entre las entidades nacionales y regionales para garantizar el ejercicio de esos derechos, intentando “Garantizar el reconocimiento de las juventudes en la sociedad como sujeto de derechos y protagonistas del desarrollo de la Nación desde el ejercicio de la diferencia, autonomía y educación, fortaleciendo sus capacidades y condiciones de igualdad de acceso que faciliten su participación e incidencia en la vida social, económica, cultural y democrática del país”.Articulo 2 (Estatuto de ciudadanía juvenil). Tomemos en cuenta el concepto de participación que tiene Carlos Giménez (2002) es “estar presente en, ser parte de, ser tomado en cuenta por y para, involucrarse, intervenir en, etc.

Participar es incidir, influir, responsabilizarse; la participación nos convierte a nosotros los jóvenes en seres activos para una sociedad en busca de mejoras, de conceptos y de prácticas en los diferentes procesos que se llevan a cabo en la región Sur y en el país, para ello, la educación debe ser el centro y promotor de estas reflexiones, enseñanzas y aprendizajes que lleven a transformar las prácticas y los escenarios de participación. La educación para jóvenes debería entonces tomar un rol más protagónico en los ámbitos institucionales, políticos y propios que contribuya a hacer emerger y fortalecer la organización estudiantil y el interés colectivo de los jóvenes por el pasado, el presente y el futuro, para que tengamos capacidades creativas para apropiarnos del desafío y de la necesidad de promover, participar, diseñar y gestionar políticas públicas desde nosotros mismos.

La escuela es el segundo espacio de aprendizaje después del hogar y la familia, es desde ahí donde los jóvenes (nosotros) podemos reconocernos como actores y empoderarnos de nuestras capacidades y de esta forma tener la valentía de transformar nuestras realidades que afrontan un panorama tan impaciente y desalentador, es por esto que se le damos un sí a la Educación para que contribuya y priorice en el fomento de escenarios y reconozca las prácticas de participación juvenil.
No cabe duda de que la educación es crucial para el desarrollo de la participación y que esta actúa para mal o para bien en este campo, o te potencia o te anula como joven participativo y líder. La educación que va más allá de los contenidos y logra motivar, despertar, promover las organizaciones juveniles, desarrollar o potenciar todas esas características de liderazgo que les permite tener a las jóvenes proyecciones a corto, mediano y largo plazo, adquiriendo y asumiendo compromisos sin dejar a un lado su responsabilidad académica, la expresión de sus sentimientos, pensamientos, posturas y emociones que por ende hacen parte de la etapa de un joven. La realidad de la participación juvenil no es ni blanca ni negra. Está llena de matices, pero puede y necesitar ser mejor, por el país que nosotros queremos construir y que necesitamos transformar para las futuras generaciones.

 

Por: María Paula González.

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